Este gran país al este del continente negro fue el territorio en el que se desarrolló la dinastía Axum, de donde se dice provenía la Reina de Saba. Sus selvas, sabanas y desiertos proporcionan un mosaico de belleza incomparable. ¡Bienvenidos a Etiopía!

Sujeta a licencia Creative Commons de reconocimiento/ Autor: Ahron de Leeuw
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Los orígenes históricos de Etiopía hay que buscarlos en el siglo II durante la dinastía de Axum, que se perpetuaría más tarde como dinastía Solomónica.

En el siglo IV se introdujo el cristianismo, y el poder de los reyes creció, dando un salto más allá del mar y añadiendo a su dominio territorios de lo que hoy serían Yemen y Omán. No faltan en Etiopía los monumentos construidos por la  dinastía de la Reina de Saba y ciudades populosas como la capital, Addis Abeba. Sin embargo, los mayores atractivos del país son indudablemente naturales.

Uno de ellos es el Gran Valle del Rift, una inmensa depresión africana repleta de lagos que atraviesa el país de noreste a suroeste. El macizo de Harar, el lago Tana y el Nilo Azul son otros de los lugares de interés.

Sujeta a licencia Creative Commons de reconocimiento/ Autor: oriol_gascon
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En el Macizo de Harar, que forma parte del Macizo Etíope junto con el de Abisinia, se encuentra el Parque Nacional de las Montañas de Bale. Hay muchos mamíferos y aves únicos en este parque, entre ellos los llamados monos Aterciopelados y Guereza, dos especies primates únicas, que solamente se pueden encontrar en esta zona del continente. Desde el campamento base se pueden organizar excursiones con mulas o ponys de uno hasta cinco días.

En el Lago Tana, nacimiento del Nilo Azul, hay 21 islas, sobre las que se construyeron los monasterios donde se enterraron los restos de los emperadores etíopes, durante los siglos en que duró el famoso Imperio.
A unos 32 km del lago Tana, hacia el sureste, en la meseta etíope, surgen las cataratas de Tis Isat, que significa “humo de fuego”. Es el único punto en que los etíopes se han avenido a explotar el curso de su río, el Nilo Azul, que surge del desagüe del lago Tana.

No es recomendable seguir el cauce fluvial aún hoy en el siglo XXI. Peligros diversos como cocodrilos, las lanzas de las tribus que habitan en la parte baja del río y diversos parásitos pueden contribuir a dificultar el viaje hasta límites insospechados.
Aún así, las innumerables riquezas naturales y culturales del antiguo Imperio de Etiopía no merecen ser olvidadas: el viajero que se avenga a superar las dificultades que pudieran surgir en el medio salvaje, encontrará a cambio paisajes prístinos y arquitectura única.

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