Grand Central Terminal, la estación más famosa de Nueva York


La oferta cultural, de ocio, arte y moda de Nueva York es innumerable. Por la capital del mundo pasan cada año millones de turistas nacionales y extranjeros. En más de una ocasión, os hemos ofrecido listas con los principales puntos de interés y atractivos turísticos de la «Gran Manzana» con el objetivo de ayudaros a planificar vuestro viajes y también para animaros a conocer la ciudad más cosmopolita del mundo y su increíble oferta turística.

Hoy nos queremos detener en Grand Central Terminal (también conocida como Gran Central Station), la terminal de trenes de Nueva York. Se trata de uno de los principales centros neurálgicos de la ciudad y uno de los edificios más importantes de la ciudad. Muchos la conoceréis porque ha sido utilizada como escenario en numerosas películas y series.

La Estación Central comenzó a construirse en 1903, por encargo de la millonaria familia Vanderbilt, propietaria de la estación. La construcción fue diseñada por la firmas de arquitectos Reed and Stem y Warren and Wetmore. Por su parte, el escultor francés Jules-Alexis Coutan fue el encargado de crear «Transportation», el conjunto escultórico situado en la fachada Sur, lugar donde, sobre un enorme reloj, se sitúa el Dios Mercurio, flanqueado por Hércules y Minerva.

Una de las peculiaridades del diseño de la estación lo encontramos en el cielo del vestíbulo, ya que el pintor francés Paul César Helleu pintó intencionadamente las constelaciones al revés, con el objetivo de reflejar el punto de vista que tiene Dios del cielo. Finalmente, se inauguró 10 años más tarde, el 2 de febrero de 1913.

La Estación Grand Central es en sí misma todo un monumento que merece la pena admirar, desde su imponente fachada de estilo clásico. Nada más entrar en su interior admiraremos un vestíbulo de 40 metros de altura, que se encuentra muy iluminado por tres espectaculares ventanales situados a casi 25 metros del suelo.

Una decoración suntuosa, lámparas de estilo clásico y de gran lujo, escaleras de mármol son sólo algunos de los sorprendentes elementos que merecen admirar y que convierten a la estación en uno de los principales atractivos turísticos de Nueva York. Mención especial también para el Vanderbit Hall, la monumental y preciosa sala de espera de más de 1.100 metros cuadrados. Toda la decoración de paredes y techos nos sorprenderán igualmente, como el conjunto de diez lámparas que cuelgan en los pasillos, el reloj del vestíbulo principal fabricado en bronce.

El coste de la estación fue altísimo para la época, ya que supuso un total de 80 millones de dólares, pero en poco tiempo se rentabilizó la inversión realizada porque se convirtió en uno de los lugares más transitados de la ciudad.

Pero la Grand Central Station es mucho más que una estación de trenes que une a Nueva York con las localidades cercanas del norte del estado. Ya que en sus instalaciones encontramos un gran centro comercial con más de 100 tiendas, cines y restaurantes de todo tipo. Las mejores marcas luchan por contar con su propio espacio en la estación, como es el caso de Apple que cuenta con una Apple Store en la estación.

Situada entre la calle 42 y Park Avenue, en pleno centro del Midtown de Manhattan, ostenta el título el título de la estación más grande del mundo en número de andenes. Nada menos que 44, con 67 vías a lo largo de la estación, dispuestas en dos niveles subterráneos, uno con 41 vías y el otro con 26. La superficie total es de 194.249 metros cuadrados.

Por la Grand Central Station o Terminal Grand Central pasan cada día 750.000 personas entre viajeros y visitantes. Por hacernos una idea de la inmensidad de la estación, por sus vías circulan cada día 660 trenes, llegando a la estación un tren cada 58 segundos en las horas punta, con una puntualidad total.

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