Llega la Semana Santa y sin duda, el sur de España es uno de los lugares privilegiados para pasarla: Sevilla, Málaga…especialmente para los amantes de las tradiciones. Pero, si lo que buscas es un destino distinto, hoy en el blog de viajes, proponemos, viajar más allá de nuestras fronteras.

Uno de ellos es Portugal, donde podremos presenciar una serie de celebraciones religiosas en las que se unen su propia idiosincrasia y las influencias recogidas en otros lugares, llevadas hasta allí gracias a generaciones de navegantes que viajaron asumiendo aspectos, tradiciones y costumbres de otros lugares.
Pero, dentro de Portugal, hay un lugar en el que la Semana Santa se vive de una forma muy especial e intensa, Castelo de Vide. Allí, se celebran procesiones dentro de un entorno histórico muy rico, lo que hace aún más interesante la visita.
Además, la ciudad tiene todavía parte de sus raíces judías, que parecen tener algo en común con el Yon Kippur. Esta celebración es para los judíos el día del arrepentimiento. En él, se bendice a los animales y todo el mundo pide perdón por las faltas cometidas. Al llegar la Pascua, se come cordero, recogiendo así la tradición de los pueblos del norte de África.
Hablábamos de su entorno histórico, y si hay que destacar algo es sin lugar a dudas la ciudadela medieval. No sólo porque se encuentra en muy buen estado de conservación (casi se podría decir que es una de las mejores de Portugal), sino por todo lo que la rodea: 32 iglesias de estilos diferentes, con una personalidad propios y una judería también perfectamente conservada.
Sus edificios nos hablan de su pasado, demostrando que antes, fue una zona con un papel destacado a nivel tanto militar como religioso. La Fortaleza de San Roque (con la iglesia del mismo nombre) es uno de ellos. También las murallas que están al otro lado del pueblo, que cuentan con la presencia de la iglesia de Nossa Senhora da Alegría, del siglo XVII.
Todas las calles de Castelo de Vide se convierten durante los días de Semana Santa en un hervidero de fieles, que acompañan el paseo de los pasos con una devoción incomparable.
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