Qué visitar en Roma en un fin de semana

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Dicen que para conocer Roma una vida no basta, pero si sólo dispones de un fin de semana deberías saber qué es lo que no te puedes perder. Desde luego, los gustos dependen de cada uno -Roma Clásica, Renacentista, Barroca…- pero quizás lo que vas a leer a continuación te ayude un poco.

Viernes al mediodía: Para comenzar nuestro primer recorrido nos desplazamos hasta una pequeña iglesia, San Pietro in Vincoli que alberga dos maravillas en su interior: un fresco del considerado primer pintor «moderno» Giotto di Bondone (1267?-1337) y una genialidad, que debería levantarse y hablar, esculpida por Miguel Ángel llamada el Moisés. Al salir de San Pietro, bajando una escalinatas nos encontramos la Domus Aurea de Nerón, un  homenaje a la megalomanía que requiere reserva para su visita, y un poco más abajo el monumento lúdico más famoso jamás contruido o Anfiteatro Flavio más conocido como Coliseo de Roma. Después es recomendable que te sigas empapando de Roma Clásica y pasees por sus foros, junto al Coliseo,  y pongas especial atención a los arcos de Tito, Septimio Severo y Constantino, a la excelsa Columna Trajana, con sus relieves en espiral narrando la conquista de la Dacia a principios del s. II de nuestra era, sin olvidar Il Palatino una de las siete míticas colinas, origen del Imperio romano.

Viernes Noche: Quizás estés un poco cansado después del paseo y del viaje, pero hay que alimentarse, por lo que iremos a Piazza Navona para disfrutar de una riquísima pizza casera, una buena botella de vino, y el típico y delicioso helado Tartufo.

Sábado: Hay que madrugar para aprovechar el día y hoy toca la Roma Renacentista y Barroca. Lo primero, los Museos Vaticanos. Hay que llegar temprano o hacer reserva de entradas para evitar las interminables colas. Hay multitud de turistas, estarás agobiado de gente, pero es imprescindible. Ya dentro pon atención a las salas egipcias, griegas,  romanas clásicas,  los tapices, la propia arquitectura y decoración del edificio,  la biblioteca vaticana, etc. Como penúltimo, las estancias vaticanas de Rafael Sanzio. Una soberbia genialidad en las paredes. Y bajando unas escalera, para finalizar, la Capilla Sixtina donde te espera el Juicio Final de Miguel Ángel y la cúpula de la misma. Dos joyas universales.

Después nos dirigiremos a la Catedral de San Pedro en el Vaticano.  Impresionante conjugación de talentos tanto renacentistas como barrocos. No te pierdas la oportunidad de admirar Il Baldaquino de Bernini, sobre la tumba del apóstol San Pedro, hecho de bronce y con columnas salomónicas. Tampoco la Pietà de Miguel Ángel, en una vitrina desde que un loco trató de destruirla a martillazos. A los pies del San Andrés de François Duquesnoy hay unas escaleras que te llevan a una sala subterránea donde están enterrados todos los papas de Roma, desde San Pedro hasta Juan Pablo II. Y no puedes terminar la visita, sin subir a la cúpula de San Pedro que el mismo Miguel Ángel diseñó modificando los planos que otro genio, Bramante, había elaborado anteriormente. La vista interior de la Catedral es impactante, de las mejores de la ciudad. Luego deberás seguir subiendo hasta la linterna de la cúpula, ya exterior. Verás todo Roma desde allí, incluido las esculturas de cuatro metros de Bernini que rodean el edificio, y enfrente, el Castel Sant´ Angelo, nuestra próxima parada, no sin antes comer algo de pizza o un rico gelatto en los puestos ambulantes, baratos y exquisitos. Si quieres comer sentado, date un paseo por la calle Borgo Pío, llena de pequeños restaurantes, típicos de allí en los que merece la pena degustar la tradicional pasta fresca a precios más que asequibles.

Para bajar la comida, subimos al Castel Sant´Angelo, un edificio construido sobre el viejo Mausoleo de Adriano, cuyos escasos vestigios se pueden ver en la planta baja de este castillo. Unas magníficas vistas, y unas fantásticas estancias muy recomendables.

Cruzamos el puente que Bernini construyó por encima del Tiber y que se encuentra franqueado por espectaculares esculturas hasta llegar a la Piazza della Chiesa Nuova. Allí visita la iglesia que da nombre a la plaza, y sigue caminando hasta Piazza Navona, donde, siendo de día deberías visitar la iglesia de Chiesa di Sant´Agnese in Agone, de Borromini demostración palpable de genialidad y de disputa, pues enfrente de ella se encuentra la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini que representa a los cuatro grandes e importantes ríos entonces conocidos, apareciendo tapándose la cara el río Nilo supuestamente por la fealdad de la iglesia construida por su genial enemigo.

Sigue caminando hasta llegar al Panteón. Un excepcional monumeto. Mitad griego -las columnas- mitad romano -la cúpula-. Elaborado por Marco Agripa el general y amigo del emperador Octavio Augusto hacia el 22 a.C. Pronto debido a que su construcción era de madera fue destruido por un incendio. Rehecho en hormigón y adornado con mármol por Adriano unos cien años después, es una de las mayores demostraciones de hasta donde puede llegar la ingeniería. Un óculo de 9 metros en la cúpula es la única entrada de luz del edificio, y donde el agua que entraba (y entra) era evacuada por un moderno sistema de desagües. En él, hoy día, se da misa y están enterrados el pintor Rafael Sanzio y el rey Victor Manuel II, su hijo Humberto I y su esposa Margarita.

De nuevo cualquier sitio es ideal para comer o tomar algo, muy cerca tienes Campo de’Fiori -donde fue quemado en 1600 el filósofo y astrónomo Giordano Bruno– una plaza muy animada con mercados y bares. Si quieres algo más de animación, vete al Trastevere, aunque lo recomendable es descansar, que mañana tenemos un largo paseo.

Domingo por la mañana. Se supone que por la tarde volamos de vuelta a casa pero aún nos quedan algunas fuerzas. Tendrás que elegir entre dos itinerarios:

  • Itinerario A. Es una ruta que nos lleva por la Roma barroca. Subir hasta Piazza dei Popolo -bus, metro, taxi- donde podemos ver Las iglesias gemelas y bajamos por Via Babuino. Todas estas calles que iremos dejando a nuestro paso son el centro comercial más exquisito de Roma, las tiendas de firmas de moda más caras se encuentran aquí. Mirando escaparates llegamos a la Piazza di Spagna, que reconocerás por su escalinata, y caminando más abajo, a la derecha, busca la Piazza di Trevi y prepara tres monedas para lanzar a la inmensa fuente, la Fontana di Trevi, que ocupa casi toda la plaza. Muy cerca, Il Quirinale, palacio del siglo XVI y residencia del Presidente de la República, si te organizas podrás ver el cambio de guardia y los conciertos gratuitos que se organizan en la Capilla a las 11 de la mañana. Desde ahí nos quedan dos iglesias que formaban parte de las rutas de peregrinación de Roma: la basílica de Santa Maria Maggiore donde tendrás que fijarte en el artesonado del techo, los mosaicos del suelo y las capillas laterales, y San Giovanni in Laterano, el primer templo cristiano que se construyó en Roma, ahora catedral de la ciudad. Es impresionante, desde las puertas de bronce de la entrada hasta el baldaquino que conserva reliquias de San Pedro y San Pablo y restos del altar del primer para de la cristiandad.
  • Itinerario B. Es una ruta que nos lleva por la Roma clásica. Nos vamos a las afueras, desde el Circo Massimo -el de Ben-Hur– hasta la Via Appia Antica. Hasta llegar allí podemos visitar las Termas de Caracalla, unos baños del siglo III que ocupaban 10 hectáreas y que incluían biblioteca, gimnasio, jardines y centros de entretenimiento para 1.600 personas. En autobús llegaremos a la Iglesia Domine Quo vadis?-aquí cuenta la leyenda que San Pedro encontró a Dios-, las catacumbas de San Calixto -las más grandes y famosas-, San Sebastián o de Santa Domitila, la tumba de Cecilia Metela, junto al empedrado original de la Vía Apia (del 312 a.C.), que llega hasta Brindisi, al Sur de Italia.

Sólo nos quedan un par de recomendaciones. La primera es que no viajes con altas temperaturas, hay que caminar mucho y el calor puede ser sofocante. La segunda es casi un ruego: mantén los ojos bien abiertos pues en cualquier esquina puedes encontrar una obra de arte y, sin darte cuenta, pasar de largo.

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