Peregrinaje en autobús a Santiago de Compostela

Hace unos días os explicaba cómo funciona la tarjeta Kmtrico de Alsa, pues bien, hoy os contaré el viaje que hice en los autobuses Alsa a Galicia, en concreto a Santiago de Compostela y A Coruña. Todo un relato lleno de peregrinos, calor y mil anécdotas más.

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Mi peregrinaje, junto a mi amiga W a Santiago de Compostela comenzó el 29 de noviembre a las 10,30 desde la estación de autobuses de Madrid Sur. Es cierto que no fuimos peregrinas autenticas porque no hicimos el camino ni a pie ni en bici ni a caballo, pero unas ocho horas de autobús sin aire acondicionado en pleno mes de agosto merecía que me sellaran la credencial de peregrina.

El principal objetivo de mi viaje es hacer un examen en A Coruña el lunes 30 de agosto. Las ocho horas de autobús parecían perfectas para estudiar todo lo que no había hecho durante meses, pero mi desidia y el calor insoportable provocaron que desistiera de mi intento y me eché a dormir acaparando tres asientos (por suerte iba medio vacío el autobús).

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Llegamos sobre las siete y pico a Santiago y cogemos el autobús urbano número 5 para llegar a nuestra pensión. Del alojamiento nos sorprende que tiene la ducha dentro del armario y la decoración es Ikea total, pero nos encanta. Os lo recomiendo a todos, es la pensión La Bruja en la calle República de El Salvador.

Una vez duchadas (era absolutamente necesario después del viaje sin aire acondicionado) nos dirigimos al centro. Paseamos por la Praza do Obradoiro y das Praterias.. Hago de guía improvisada porque W es de República Dominicana y no conoce mucho la historia de España. Le cuento que es prácticamente imposible que realmente esté ahí enterrado Santiago Apóstol, que “Compostela” viene del latín y significa campo de la estrella y que la praza das Praterias corresponde a la antigua zona donde el gremio de los plateros tenía sus negocios, de hecho actualmente es donde se vende más plata en Santiago de Compostela porque aún se mantiene un poco la tradición.

Decidimos ir a buscar un lugar donde cenar, pero mientras miramos restaurantes conocemos al peregrino Dani. Es de Mallorca, ha hecho el camino a pie y anda buscando miel porque tiene la garganta hecha polvo. Finalmente nos tomamos con él es un chupito de crema de orujo al que nos invitan en un tienda de productos típicos. Sin duda el “buen rollito” de Santiago de Compostela se respira por todas partes.

W y yo seguimos con nuestra búsqueda de un sitio para cenar, vamos comparando precios y nos metemos una mariscada entre pecho y espalda en el restaurante más barato. Pero fue una muy mala idea y la moraleja es la siguiente: “Si comes marisco en el restaurante más barato, pasarás toda la noche vomitando”. Sí, sí, menuda nochecita pasé y al día siguiente tenía mi examen de italiano en A Coruña y debía que levantar a las 8 de la mañana para coger el tren a tiempo, algo que era del todo imposible en mi estado. Mi solución fue automedicarme (esto no lo hagáis vosotros) contra la voluntad del farmacéutico que me mandaba al médico y llamar para que me dieran una hora por la tarde para el examen. Por suerte se apiadaron de mí y llegué a las dos de la tarde A Coruña.

Después de terminar el examen (por cierto, no fue muy complicado) fuimos a hacer turismo, ya un poco mejorada pero aún con mal cuerpo. Así que nos limitamos a ver la Torre de Hércules, que es el faro más antiguo de Europa y que data de la época romana. Luego cogimos un autobús hasta el centro y paseamos por el puerto de A Coruña y la plaza de María Pita. Nuestra estancia en A Coruña se completó con la búsqueda de empanadas de pulpo y zamburiñas para llevar a mi casa, finalmente las compre en un mercadillo que había cerca del puerto.

Cansada y todavía con el estomago un tanto extraño (no ayudo que mi alimentación de ese día se basara en croisants del Carrefour y una hamburguesa del Burguer King) nos dirigirnos a las nueve de la noche a la estación de autobuses de A Coruña. A las 22.30 partía el autobús número dos del trayecto A Coruña-Madrid de Alsa. Enseñe mi Dni al conductor y nos colocamos en nuestros asientos. Está vez sí que iba completamente lleno de gente, excepto dos asientos en la ultima fila de los que me apropie en cuanto arrancó el conductor. Me preparé mi kit de dormir en autobuses que consiste en una manta de viaje de Piolín, un almohadón rojo con forma de corazón de Ikea y un paqueñuelo de mercadillo para taparme los ojos como si me hubieran secuestrado, pero que me permite aislarme de todas las luces del exterior. Lo malo de acomodarse tanto es que me quede completamente dormida y no me enteré cuando llegamos a Madrid y se me olvido una bolsa, por suerte W se bajaba en siguiente parada y la cogió ella.

En fin, como os comenté al principio el viaje estaba lleno de anécdotas, aunque muchas se han quedado en mi libreta de viajes…. si queréis hacer el misma ruta tenéis la información en Alsa.

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