Isla de Samos, Grecia

Oh, maravillosa Samos, isla griega de los amores de Zeus y Hera, que albergaste las bodas de Marco Antonio y Cleopatra. Divina isla en donde sus mejores playas están en la zona oeste, y que, desgraciadamente, ha perdido parte de su encanto con los terribles incendios forestales que la han asolado durante la década de los 90. Sin embargo, la isla sigue siendo uno de los destinos turísticos más bellos del Mar Egeo.

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adm834ha
jueves, 28 enero, 2010
Puerto de Kokkari


Las ruinas de la antigua Samos parecen correr de acá para allá por toda la isla. Resulta curioso ver cómo se mezclan con la gran cantidad de bares y restaurantes, sobre todo de noche, cuando la animación nocturna, si no fuera por las luces de neón y la música moderna, bien podría decirse que se celebra en la antigua Grecia.

La playa más cercana es la de Potokaki, que apenas se halla a diez minutos a pie. Hay que atravesar las ruinas de los baños romanos y el puerto antiguo. El único aspecto negativo es el aeropuerto cercano, que rompe en ocasiones el oasis de calma del lugar.

Para nuestro gusto, es mejor la zona de Kokkari. El pueblo pesquero es una sucesión de callejones que desembocan en la bahía, donde los barcos de pesca se arremolinan en torno a los restaurantes de pescado. Se trata de medio kilómetro de playa, que se extiende bellamente desde el puerto. Hay muy buen ambiente por la noche, en donde la gente se mezcla con los que salen de las tiendas.

La capital de la isla es la propia Samos, un lugar lleno de cafés y restaurantes junto al mar. Lejos de este bullicio, es interesante perderse por sus calles empedradas, en busca del Museo Arqueológico, que alberga un ejército de esculturas antiguas, entre las que se incluye una enorme estatua de cinco metros de Kouros, quien tiene la serenidad mística de un Buda.

Colina abajo tenemos el encantador casco antiguo de Ano Vathy. Parece un mundo completamente aparte de la terminal de ferry que nos ha dejado en el puerto. Es una delicia pasear por las estrechas callejuelas, llenas de pintorescas tiendas.

A sólo un kilómetro de distancia tenemos la cala de Psili Amnos, con sus tabernas locales, un lugar más bien para tomar el sol antes que nadar. Más allá tenemos Kambos, una estrecha franja de arena, en la que tumbarnos y relajarnos o comer calamares a la parrilla por la noche.

Samos es una isla en la que poder pasar un fin de semana, recorriendo sus pequeños pueblos, comprando en los puestos callejeros. En el norte de la isla están los mejores paisajes, a los que llegamos a través de serpenteantes carreteras plagadas de viñedos. El sur es más histórico, con rincones como el Santuario de Hera, que llegó a tener cuatro veces el tamaño del Partenón, y el túnel de Eupalinus, un acueducto excavado en el siglo VI con una precisión increíble.

Foto Vía Vtveen

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