Cosas que odio de los aeropuertos

A pesar de que los aeropuertos suelen representar el comienzo de las tan deseadas vacaciones, no es un lugar que nos suela gustar demasiado a los viajeros por lo general. Largas esperas, retrasos, cancelaciones, escalas entre un vuelo y otro, los controles, lo caro que es todo, las aglomeraciones, colas eternas o los grandes desplazamientos que debemos realizar para llegar a ellos son solo algunos de los inconvenientes que tenemos que soportar en muchas ocasiones antes de poder sentarnos tranquilamente en nuestro asiento del avión.

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Siempre podemos matar el tiempo leyendo un poco, utilizando internet en nuestros dispositivos electrónicos o comiendo algo en alguno de los restaurantes que se encuentran en sus instalaciones, pero la realidad es que las esperas suelen ser tediosas, y más cuando estamos deseando llegar a nuestro lugar de destino. Sin embargo, nos guste o no, son inevitables, por lo que mejor que podemos hacer es armarnos de paciencia.

Como es mejor tomarse la vida con un poco más de humor, he pensado que podría hacer una lista con las cosas que no me gustan nada como viajero de los aeropuertos. Os invito a añadir otras en los comentarios del final del artículo.

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– Los excesivos que llegan a ser los controles de seguridad. Aunque no tengamos nada malo y nuestra única intención sea pasar al otro lado de la terminal para poder esperar nuestra avión, la seriedad e incluso mal humor de algunos guardias, en algunos casos nos pueden llegar a hacer sentir mal, algo así como si fuéramos algún tipo de delincuente. Está muy bien la seguridad, pero creo que se podría hacer de otras formas y sin obligar a medio desnudarnos, pasar varias veces por el arco de seguridad y vaciar todo lo que tengamos encima, aunque sea una medallita que llevamos desde nuestra primera comunión.

– En este mismo sentido, me parece también absurdo la norma que impide superar un tope de líquidos. A más de uno nos ha pasado que íbamos con nuestra colonia recién comprada y nos hemos visto en la obligación de dejarla. Un poco de flexibilidad tampoco vendría mal, que no creo que la gente vaya a usar el cristal de un perfume como un arma. En cambio, ningún problema para comprar cubertería en las tiendas Duty Free. ¿Será que tiene algo que ver con hacer negocio a nuestra costa?.

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– La obligación de tener que estar con mucho tiempo de antelación en la terminal. ¿Para qué? Si luego siempre estamos ahí como muñecos esperando sin poder hacer nada. Es en esos momentos, cuando las agujas del reloj parecen no avanzar, miramos mil veces el reloj y ya no sabemos qué hacer. En algunos aeropuertos, nos hacen estar dos o tres horas antes sin necesidad alguna. Y bueno, como encima haya uno de esos habituales retrasos en nuestro vuelo, pues ya casi nos podemos poner a llorar o armarnos de una paciencia infinita.

– En ese punto, nos pondremos a buscar un sitio en el que poder sentarnos cómodamente. Rápidamente, nos daremos cuenta que en muchos aeropuertos la escasez de asientos es total, por lo que no es raro que nos veamos obligados a ir a un restaurante, cafetería o directamente tirarnos en el suelo a mirar las musarañas.

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– Y es que cuando se decide viajar en avión, hay que tomar conciencia de que ese día lo vamos a perder entero casi seguro. Porque no es sólo la espera en la terminal, las cancelaciones y toda la parafernalia, sino que encima, por alguna extraña razón, algunos aeropuertos se encuentran en el quinto pino. Y si encima es una ciudad desconocida para nosotros, tendremos que pasar por una aventura que incluye trenes, metros, autobuses que nos hacen un recorrido turístico o por taxis a precio de oro. Total, que coger un avión nos obliga a preparar u viaje previo hasta el aeropuerto, que también nos llevará un montón de tiempo. Por fin llegaremos al aeropuerto, sí, pero ahí comenzará otra odisea, así que no hay que hacerse ilusiones, que todavía nos queda mucho tiempo para llegar a nuestro querido lugar de vacaciones.

– En los tiempos actuales, en los que casi en cualquier sitio podemos encontrar conexión WiFi gratis, resulta incomprensible que en muchos aeropuertos la conexión no es gratuita, sino que te cobran un importe nada pequeño por conectarnos a la red de redes desde nuestros dispositivos móviles u ordenadores portátiles. Si vamos a pasar muchas horas muertas, lo mínimo sería ofrecer algo que al menos nos mantendría entretenidos un rato.

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– No sólo perdemos tiempo en un aeropuerto, sino también bastante dinero como nos de por comprar algo tan simple como una botella de agua o unas patatas fritas… y no digo nada si nos da por comprar un regalo a algún familiar (preparar la tarjeta de crédito). De manera incomprensible, cualquier cosas nos cuesta tres o cuatro veces más de lo que ese mismos producto nos costaría ese mismo producto en la calle. Por eso, hace gracia lo de Duty Free, debe ser para intentar consolarnos o despertarnos una sonrisa irónica.

– La amabilidad, o más bien inexistencia de ella, del personal de las compañías (aunque siempre hay de todo, y también gente muy amable), es otro tema a tratar. Hay que comprender que muchas veces tienen que soportar quejas, justificadas o no, de muchos clientes, malas formas y tal, pero eso no quiere decir que todos seamos igual. Al final, se genera un clima muchas veces nada bueno, muy tenso, con unos clientes enfadados por retrasos, prisas o tener que volver a desvestirse, así como unos trabajadores que parecen robots fríos, sin ningún tipo de empatía con los viajeros.

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– Las largas colas de embarque. Es algo que jamás entenderé, ya que todos contamos con nuestro billete numerado (salvo en algunos casos low-cost), por lo que resulta irónico que se forme una lista interminable, como si fuera una procesión, que no tiene sentido, porque todos vamos a entrar. Pero nada, ahí todos levantados esperando el no se sabe qué.

– A pesar de que están repletos de personas todos los días, de todas las nacionalidades y culturas, los aeropuertos siempre ofrecen una sensación de frialdad y de soledad total. Esos pasillos interminables, con la misma música suave de ambiente, la misma voz de megafonía, siempre todo igual, …no se nota calor humano por ningún lado.

Podría seguir, pero creo que he dejado claro que los aeropuertos no es un lugar que me guste, pero que no puedo vivir sin ellos, ya que representan el comienzo de cada viaje o aventura, por lo que ya solo por eso merece la pena sufrir todos estos inconvenientes.

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2 comentarios en «Cosas que odio de los aeropuertos»

  1. YO no puedo con los restaurantes, es que no puedo. Ya te puedes llevar tu algo de casa porque es que asusta sobremanera los sablazos y la porquería que dan.

    El resto pos intentar pasar el minimo tiempo posible xq sino acabas aburridisimo de esperas y colas.

  2. Te olvidas de 2 cosas que a mi personalmente me fastidian muchísimo, las sillas super incómodas anti-ergonómicas en pleno siglo 21 que pienso no tienen otra explicación que estés dando vueltas por el aeropuerto sus tiendas y cafeterías.
    La otra cosa que me fastidia es el paseillo obligatorio por el duty free en plan borregos.

    En fin odio los aeropuertos son aún peores que los hospitales!!!!

    Un saludo y gracias por el post.

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