Cada ciudad de Estados Unidos puede presumir de un impresionante monumento arquitectónico. Si hablamos de San Francisco, ¿de cuál de ellos podría presumir? Exactamente, vosotros lo habéis dicho, del famoso Golden Gate, símbolo de la ciudad y una de las grandes maravillas del mundo.

Y es que una visita turística a la ciudad de San Francisco no estaría completa sin la visita a este coloso sobre las aguas de la bahía. Para apreciar su valor, deberíamos antes conocer un poco de su historia. Construido en los locos años 20 americanos, en los albores de la Gran Depresión, este puente constituyó un símbolo de perseverancia y tenacidad del pueblo estadounidense.
El puente se concluiría en 1937, y llegó a ser el puente de acero más largo del mundo hasta que, en 1964, el puente de Verrazano-Narrows uniera la ciudad de Nueva York con Staten Island y Brooklyn.
Esta área, considerada Parque Nacional, realmente es un conjunto de parques que se extienden desde el norte del condado de San Mateo hasta el sur del condado de Marin. O lo que es lo mismo, más de 75 kilómetros a través de la costa. En verano, la gente de San Francisco viene hasta aquí para pasear, hacer senderismo, montar en bicicleta, patinar, y cómo no, hacerle fotografías al Golden Gate, e incluso pintarlo.
Y si antes os hablábamos que no nos podemos ir de San Francisco sin visitar el Golden Gate, no nos podemos ir precisamente de su Área de Recreación Nacional sin trasladarnos hasta la pequeña isla donde se halla la prisión de Alcatraz. Aunque no ha albergado presos desde 1963, desde entonces se pueden hacer visitas guiadas por ella. ¿Os imagináis recorrer los mismos pasillos por los que anduvo Al Capone?.
No creo que el Golden Gate y sus alrededores os hagan sentiros indiferente en San Francisco. No os arrepentiréis.
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Por: Jose Manuel Vargas
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