Cuba es un destino que muchos eligen para pasar sus vacaciones. Pero más allá de la idea de relax y diversión que muchos tienen en mente, Cuba tiene gran cantidad de cosas que ofrecer a los visitantes.

Un destino realmente atractivo es Trinidad de Cuba, una villa que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad y que guarda la esencia de su historia de forma sorprendente.
Una de las mejores formas de conocer esta villa, que se encuentra a medio camino entre las aguas caribeñas y las montañas del Escambray, es pasear por sus calles, recorrer paso a paso todos los lugares que están llenos de historia, escuchar las leyendas y apreciar el sabor histórico que nos cuenta a cada paso.
Está llena de construcciones de gran valor arquitectónico, testigos del pasado colonial que aún sigue muy presente en las tradiciones y la cultura de la zona.
Pero los malos tiempos fueron pasando y a finales del siglo XVIII y principios de XIX alcanzó un importante esplendor, dedicándose a la producción azucarera. Este tiempo de bonanza se refleja en el renacer de la villa, en la que sus habitantes se decantaban por el lujo, y se hacían importantes encargos de cristalerías, vajillas y todo tipo de productos para satisfacer caprichos de lo más exquisito.

La crisis económica que siguió a esta etapa unida a la posterior Guerra de Independencia de los Diez Años complicó la situación.
Pero por suerte, supo renacer y en 1998 la UNESCO la declaraba Patrimonio de la Humanidad, con su arquitectura colonial, sus palacetes, sus ventanas trabajadas con herrería, sus patios interiores. Todo un viaje a través de la historia.


